“Tierra es mi cuerpo, agua es mi sangre, aire es mi aliento y fuego mi espíritu”

(Mª Ercilia Lazo)

 

Cuánta sabiduría encierra la letra de esta canción, es tan simple como profunda. La primera vez que la escuché, me latió muy fuerte el corazón, mi rostro se iluminó y sonreí porque mi alma sonrió.

 

La Unificación es el camino a recorrer en la búsqueda del equilibrio, de la fusión de lo femenino y lo masculino a través de los cuatro elementos: Tierra, Agua, Aire, y Fuego, primero en mí para luego expandirse hacia todos los reinos, Humano, Animal, Vegetal, Mineral, y aún más allá de lo visible en todo el Universo creado. Me recuerda el viaje que debo emprender hacia mi interior para descubrir y reconectarme con la Divina Unidad del Ser.

 

Honro y celebro haber nacido mujer y amo descubrir el principio femenino, la manifestación de la Diosa Madre Amor, en cada elemento.

 

Si honro los huesos y minerales de mi cuerpo, puedo caminar agradeciendo y reconociendo a la Madre Tierra que me sostiene, protege y alimenta. Cada una de mis pisadas me conecta con la arena de las playas y dunas, con la tierra de los campos y selvas, con la roca de las cuevas, sierras y montañas y con todo ser vivo que en ellas habita, porque cada granito de arena, de tierra y de roca lleva grabada la memoria ancestral de la vida y del conocimiento.

 

Si honro mis aguas internas, estoy purificando las emociones y con ello sanando mi cuerpo y en consecuencia sanando las aguas de este hermoso planeta que habitamos llamado Tierra, porque cada pequeñita gota de mis aguas se conecta con el resto de las aguas. Purificando mi sangre y mi linfa y todos los fluidos de mi cuerpo puedo conectarme con el elemento agua y con el alma del planeta. Al beber agua me conecto con la savia de los árboles, con el agua de la lluvia, de los ríos, de los lagos, mares y océanos, con las aguas de deshielo, la nieve, la escarcha y el rocío, con todo ser vivo que en las aguas habita, porque esas aguas son parte de mí y yo soy parte de ellas. Bastará conectarme con el principio femenino para verme reflejada en la Luna y así estar unida a las mareas y a los ciclos de vida, para bendecir el líquido amniótico que en el útero materno contiene al feto y bendecir la leche de las madres que amamantan a sus crías y a través de esta infinita reconexión y unificación de las aguas voy sanando, fluyendo, purificando, fusionando lo femenino con lo masculino, purificando mis relaciones y mi propio árbol genealógico.

 

Si honro el aire que respiro, puedo sentirme viva y estar agradecida porque me lleva a conectarme con el aliento de vida y a comprender los procesos de vida y de muerte, a limpiar y despejar mi mente, a respetar mis pensamientos y el pensamiento de los otros aunque difieran del mío. El ser consciente del aire que respiro me hace sentir libre y liviana, me permite conectarme con la brisa y con el viento, con los sueños, aromas, sonidos y lenguajes del mundo que llegan a mí para recordarme y reconocerme mujer niña, mujer enamorada, mujer madre, mujer guerrera, mujer hechicera y todas aquellas mujeres en su infinidad de roles que adoptamos al tomar la decisión de nacer mujer.

 

Si honro mi fuego interno, me conecto con el Sol de nuestro sistema planetario, pero también con todos los soles y todas estrellas, con el fuego sagrado de los ancestros y con la luz de la Fuente, con el origen de todo lo creado y manifestado.

 

El principio femenino y el principio masculino se complementan, fusionan y danzan una y otra vez, viajan y se manifiestan a través de la tierra, del agua, del aire y del fuego, porque no existe luna sin sol, ni frío sin calor, porque están en mí y están en ti, porque yo soy tú y tú eres yo, porque somos energía de Amor manifestada en Unificación. Namasté.

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Comentarios: 2
  • #1

    julie (jueves, 22 junio 2017 12:35)

    gracias por compartir marabilloso

  • #2

    maria alejandra (lunes, 30 abril 2018 09:07)

    hermoso texto , gracias totales.